La tarde había caído sobre la ciudad con un aire espeso y eléctrico. Kenji y Barak habían salido desde la madrugada; investigaban pistas de un cargamento ilegal que supuestamente pertenecía al nuevo enemigo, sin saber que la Agencia no había estado perdiendo el tiempo.
En la fortaleza, Julieta descansaba en un sillón, la panza, aunque plana, se sentía como si estuviera enorme ya que no podía actuar como a ella le gustaría. Lianett, agotada, se dejaba masajear los pies por su amiga mientras los