Lianett suspiró profundamente al sentirse entre los brazos de su esposo y una sonrisa se dibujó en sus labios al recordar como habían sido los últimos días. Con deseos de ver esos ojos azules que la enloquecen, se giró sin interrumpir el abrazo y como se esperó, Barak ya la estaba mirando.
―Buenos días. ―La voz gruesa de recién levantado estremeció a Lia y la puso de un mejor humor. ―No me dejaste dormir mucho anoche. ―Sonrió sin apartar la mirada de su mujer.
―¿Cómo hacerlo? ―Acarició su me