La noche estaba tan espesa que parecía tragarse la luz. El mar rugía a lo lejos, y el viento arrastraba consigo el olor del salitre y la tensión que se respiraba en el ambiente. En la costa norte de la isla, tres siluetas avanzaban agazapadas entre los matorrales.
Kenji iba al frente, con los ojos fijos en la construcción iluminada a lo lejos. Detrás, Barak ajustaba el comunicador en su oído, mientras Serena repasaba las coordenadas en la tableta que brillaba débilmente bajo la lluvia.
—Confirm