―¡Chinches! ―La directora miró a esos tres. ―¿Cómo fue que trajeron una plaga de chinches al colegio? ―Todos en el salón los miraron sin dejar de rascarse y arrugar la nariz por el mal olor de los insectos.
―Fue fácil. ―Yusaf la miró dispuesto a explicarlo. ―Primero trajimos unos veinte y después trajimos veinte más y posteriormente veinte más. Creo que había muchas hembras y pocos machos.
―¡No he preguntado eso! ―La mujer quería volverse loca entre las picaduras y el asco por el aroma de los chinches. ―¿Saben qué? Llamaré a su madre.
―¡No! ―Artem dio un paso al frente. ―Créame, querrá llamar a papá. ―La mujer entrecerró los ojos.
―Sí, mami está muy cansada por mi hermanito, así que no debería molestar a una mujer embarazada, ¿No cree? ―Lesath sonrió como ese ángel que no es ni en broma.
―Hagamos algo. ―La mujer que ya sabía lo que intentaban, sonrió con marcas rojas hasta en su cara por las picaduras. ―Llamaremos a los dos. ―Los trillizos la miraron con ojos grandes y esa reacci