Agustín llamó a Eva temprano.
Ella estaba en la cocina, preparando el desayuno de los mellizos, con el celular apoyado sobre la mesada y la cabeza llena de cosas que todavía no lograba ordenar.
Sonia.
La clínica.
Los sobres.
Hernán
La visita de la noche anterior.
Las flores rojas que había terminado dejando en un florero por pura culpa hacia las flores, no hacia el hombre que las llevó.
Cuando vio el nombre de Agustín en la pantalla, se quedó un segundo quieta.
Después atendió.