Laura habló con Carlos esa misma mañana, antes de entrar al juzgado.
Lo encontró en la vereda, con una carpeta bajo el brazo, el celular en la mano y esa mirada de hombre que llevaba días mordiéndose la lengua para no publicar lo que podía incendiar la ciudad entera. Había cumplido. No había filtrado nada.
Por eso Laura lo buscó.
—Carlos.
Él levantó la cabeza.
—¿Pasó algo?
Laura miró hacia la entrada del edificio judicial. Había periodistas, curiosos, cámaras y funcionarios intentando ordenar u