Eva no podía creer lo que acababa de escuchar.
Fraude contra el Estado.
Licitaciones.
Firmas.
Vanessa.
Hernán.
Todo empezó a mezclarse en su cabeza con una violencia silenciosa.
El hombre que la noche anterior había llegado a su puerta con rosas y regalos no era solo un infiel intentando recuperar control.
Era alguien capaz de arrastrar a todos si caía.
Eva apoyó las manos sobre la mesa.
—¿Qué hacemos?
Agustín negó despacio.
—Eso es lo que no sé.
—Esto puede perjudicar