Aquella tarde salieron a caminar por la zona apenas terminaron de merendar. Lucas llevaba una bicicleta, María saltaba las piedras pequeñas del camino, Emma caminaba cerca de Nahuel y los adultos avanzaban detrás, atentos sin invadir. La casa de los padres de Agustín quedaba a una distancia prudente del ruido, rodeada de árboles, alambrados bajos y vecinos que casi siempre saludaban desde lejos, sin preguntar demasiado.
Durante un buen rato, la caminata tuvo esa tranquilidad que los cuatro niño