Las primeras semanas después de la publicación de Carlos Méndez no tuvieron la violencia de las cámaras en la puerta ni el ruido inmediato de las audiencias, pero trajeron una clase de cansancio más difícil de nombrar. Las casas volvieron a tener horarios, mochilas, uniformes doblados sobre sillas y mensajes del colegio, aunque debajo de cada gesto cotidiano seguía latiendo la misma pregunta: cuánto podía saber un niño antes de dejar de sentirse niño.
Eva volvió a llevar a Lucas y a María al co