—Mary Smith, sí, ese es su nombre —dijo Maria.
El nombre fluyó desde el altavoz del teléfono e impactó de inmediato en la conciencia de Elly como un golpe certero.
—¿Mary? —Elly se alarmó aún más; reconocía a aquella mujer.
De pronto, el corazón de Elly comenzó a latir con tanta violencia que le provocó un zumbido en los oídos. Todo el suministro de aire en sus pulmones se extinguió en un suspiro.
—¿Acaso la conoces, Elly? —inquirió Maria, no menos desconcertada al escuchar la reacción de su am