—¡DIJE QUE NO! —exclamó Lupe. Su voz se elevó varios octavos, resonando con una fuerza tan ruda y tajante que rebotó contra las paredes del estrecho departamento.
El exabrupto de Lupe consiguió sumir a Elly en un sepulcral silencio de pánico. Antes de que la joven madre pudiera formular objeción alguna, Lupe avanzó con determinación, aferrándola firmemente por ambos hombros para obligarla a clavar la mirada directo en sus ojos.
—Escúchame bien, Elly. ¡Mientras Mary y la matriarca persistan en e