El impacto de la fidedigna realidad despabiló de imprevisto el espíritu de Elly. Su corazón golpeó con absoluto descontrol, propagando una inmediata oleada de pánico por la totalidad de su anatomía al asimilar la coyuntura en la que se hallaban.
—No debí haber venido —articuló Elly con una frecuencia trémula. Sin consagrar un solo instante al ocio, giró sobre sus talones con presteza, resuelta a escabullirse de aquella alcoba preñada de vestigios del ayer.
No obstante, las maniobras de Erick re