Erick corrió hasta salir del aeropuerto, cruzando las puertas de cristal automático con la respiración entrecortada. Sentía los pulmones calcinados por aquel súbito y acelerado despliegue físico, pero la obsesión que dominaba su mente le hacía perder los estribos. No le importaron las miradas de desconcierto de la gente a su alrededor.
Con presteza, abordó un taxi que acababa de dejar a unos pasajeros en la zona de descenso, deslizándose en el asiento trasero antes de que cualquier otro usuario