Elly emitió un ahogado chillido y, al instante, clausuró los ojos con vehemencia. La totalidad de su anatomía experimentó una severa rigidez.
Se contrajo para soportar el suplicio físico derivado de aquella penetración forzada y desprovista de la menor docilidad, lamentando la desventura de verse sometida al brutal proceder del hombre a quien, en el fondo, continuaba amando con un descontrol absoluto.
—Ah… Elly… qué delicia… es una auténtica delicia… ah… Elly…
Erick desvariaba entre murmurs di