—E-esto… me lo hice hace un momento. Me golpeé sin querer contra la baranda de hierro en la acera —articuló Elly entrecortadamente. Sentía la lengua torpe mientras se esmeraba en hilvanar aquella improvisada mentira que se escuchaba sumamente inverosímil.
Kenny no rebatió el argumento; no obstante, su escrutinio proyectaba una manifiesta desconfianza.
—Vamos a curarte primero —pronunció Kenny con docilidad pero con absoluta firmeza.
Atenazó con suavidad la muñeca de Elly que se encontraba ilesa