Erick ignoró por completo el repicar del teléfono; por el contrario, aceleró aún más el vaivén de sus caderas, exigiendo un desenlace que ya se vislumbraba cercano con un ritmo cada vez más implacable.
Sin embargo, el eco del timbre pareció sacudir la conciencia de Elly. Aquel sonido funcionó como una fuerte bofetada que, de pronto, trajo su alma de vuelta a la realidad.
¡No! ¡Esto está mal!, se recriminó en su fuero interno.
Un remordimiento abrumador le invadió de inmediato el estómago. No ob