Al día siguiente…
Nueva York
La tenue luz solar de Nueva York se filtraba a través de las persianas verticales de un consultorio impregnado de un aroma a aromaterapia reconfortante. Erick permanecía sentado en un suntuoso sofá de cuero, pero su anatomía se tensaba con rigidez. Con las manos apoyadas en las rodillas, clavó una mirada vacía en el suelo antes de alzar finalmente el rostro con una expresión de frustración.
—Me desconcierta... de verdad que solo con Elly soy capaz de actuar con dese