Elly se manifestó incapaz de responder. Se limitó a esbozar una sutil y rígida sonrisa que se dibujó forzadamente en su rostro, sin articular una sola palabra que denotara aceptación o rechazo. La quietud entre ambas se tornó cada vez más opresiva.
—Emma, me dirigiré a la alcoba un momento para mudarme de ropa —anunció Elly, interrumpiendo con presteza el contacto visual.
Confeccionó de forma deliberada ese pretexto para eludir la asfixiante incomodidad que la cercaba ante la imprevista petici