—¡¿Tú?!
Bramó Elly. Su voz se elevó en un grito agudo, con un timbre cargado de una amalgama de conmoción, rencor e incredulidad que reverberaba con fuerza desde los confines de su pasado.
El hombre, que continuaba acuclillado, alzó la vista hacia Elly. En el instante en que sus ojos colisionaron con la mirada penetrante de la mujer, se sobresaltó. Una evidente expresión de pánico se dibujó en sus facciones; había reconocido a Elly.
El temor a que el secreto de hace cinco años quedara al descub