Las puertas dobles de la lujosa mansión de la familia Vanderbilt, ubicada en la zona más exclusiva de Nueva York, se abrieron de par en par para recibir a Erick esa noche. Sus pasos pesados resonaron sobre el resplandeciente suelo de mármol. Antes de que pudiera avanzar más, Mary, ataviada con un elegante vestido de casa de seda y portando esa sonrisa que siempre transmitía paz, caminó de inmediato a su encuentro.
—Bienvenido a casa, mi amor —expresó Mary con dulzura.
Mary se refugió de inmedia