LISSANDRA
La luz de la mañana se filtraba con suavidad por los ventanales del hotel, acariciando las telas blancas, los encajes, los brillos… y a nosotras, claro. Las tres novias estaban paradas frente a los espejos, mientras una decena de estilistas revoloteaban a su alrededor como abejas ocupadas.
—¿Estoy respirando? —preguntó Tiffany, mirando con pánico su reflejo.
—¡No puedo! —chilló Camila, sujetando su ramo con ambas manos—. ¡Voy a desmayarme!
—¿Dónde está el maquillaje a prueba de lágrim