ASHTON GARDNER
El murmullo suave de los invitados se desvaneció cuando la música comenzó a sonar. Todos giraron hacia la entrada, y yo, al igual que todos, contuve la respiración. Pero no estaba mirando la puerta esperando ver a las novias. No todavía. Mis ojos estaban fijos en el pequeño caballero que caminaba primero, tan concentrado, tan serio, como si llevar los anillos fuera la misión más importante del universo.
Erick.
Mi hijo.
Nuestro hijo.
Pequeño, elegante, con ese traje diminuto y una