ASHTON GARDNER
—William, estás por casarte —le dije, apoyando las manos en el borde del escritorio—. Tarde o temprano vas a tener que decírselo a Liss.
Él bajó la mirada, jugando con el anillo que ya llevaba en la mano izquierda como ensayo. Afuera se escuchaba el murmullo lejano de voces femeninas: Tiff, Camila, Olivia… y mi Liss. Todas preparando los detalles de la boda. Pero aquí adentro, en mi despacho, el ambiente era completamente distinto. Tenso. Denso.
—No puedo —murmuró William, sin al