ASHTON GARDNER
Habían pasado tres días desde que mi Liss me dejó. De verdad… se me estaba muriendo el alma. La necesitaba, maldita sea, la necesitaba como el aire. Antes podía vivir sin ella porque jamás la tuve, pero ahora, que fue mía, que estuvo conmigo días, semanas, meses, noches enteras amándonos... me hacía tanta falta. Estaba adicto a ella.
Estaba en mi despacho con un vaso de whisky cuando entró mi pequeño.
—Papi...
—Hola, campeón. Vienes temprano y vestido.
—Sí, hoy es día de jardín,