La cena fue servida en un comedor que parecía sacado de una revista. Yo apenas podía concentrarme en la comida; todo me resultaba demasiado perfecto, demasiado irreal… demasiado él.
Ash no hablaba mucho, como siempre, pero sus ojos iban constantemente de Erick a mí, como si evaluara cada movimiento, cada reacción. Erick, por su parte, estaba encantado. Reía con su tenedor en la mano y me contaba con emoción cada adorno nuevo que había visto en “su cuarto de héroe”.
— Tío Ash, ¿fuiste tú el que