El alta médica llegó más rápido de lo que esperaba. El doctor firmó los papeles con una sonrisa de satisfacción, mientras yo aún tenía el corazón apretado por todo lo que habíamos vivido.
—Está listo para irse a casa —dijo—. Su recuperación fue un verdadero milagro.
Mi pequeño saltaba emocionado a mi lado, lleno de energía, como si nada hubiera pasado. Ash estaba de pie a unos pasos, en completo silencio. Sus manos en los bolsillos, su postura erguida, pero esos ojos… estaban puestos en nosotro