Me quedé allí, de pie en medio de la habitación, mientras él cerraba la puerta detrás de mí. El leve clic del seguro fue como un disparo en mi pecho.
El silencio se volvió espeso. Solo se oía el tic-tac del reloj sobre la cómoda y el leve zumbido del aire acondicionado. Todo estaba perfectamente ordenado. Demasiado perfecto.
Ash caminó hacia el vestidor sin decir palabra. Se quitó la chaqueta, luego la corbata. Desabrochó los primeros botones de su camisa negra mientras yo seguía allí, inmóvil,