MARCUS BLACK
El sonido de su amenaza aún resonaba en mi cabeza como una maldita alarma que no podía apagar.
Liss subió las escaleras como un huracán, dejándome en medio de la cocina, solo, con el corazón ardiendo de rabia… y de algo peor: humillación.
¿Me odia? ¿A mí?
¿Le doy asco?
Esa maldita mujer tiene el descaro de escupirme en la cara mientras sigue respirando bajo mi techo. Como si pudiera morder la mano que la sostiene. Como si no debiera pagarme cada maldito segundo que le he dado de vi