TIFFANY GARDNER
Nuestras mañanas eran sagradas, antes de ir a la oficina, las 4 nos reuníamos en este café a media cuadra de la empresa. Era necesario y lo adoraba.
Camila a mi lado robaba una tostada, Liss con su juguito probaba cada pastel que habíamos pedido, se lo concedíamos porque estaba esperando a mis dos sobrinitos.
—No puedo más con este pastel de frambuesas, de verdad… si vuelvo a probarlo voy a tener que correr cinco kilómetros para equilibrar el karma —dije riendo mientras dejaba e