ASHTON GARDNER
Lissandra me besó en la mejilla con una sonrisa dulce y ese brillo en los ojos que siempre me desarmaba.
—Voy a preparar el almuerzo. Quiero cocinarte algo especial —dijo, acariciando mi pecho con suavidad antes de darme otro beso en los labios—. Hoy estoy de humor para mimarte, señor Gardner.
—¿Vas a cocinar tú? —pregunté alzando una ceja, divertido y encantado al mismo tiempo—. Eso sí que es una buena noticia.
Ella rió y se fue rumbo a la cocina, moviendo las caderas con un rit