ASHTON GARDNER
El auto entró a la mansión, y lo primero que vi fue otro vehículo que conocía demasiado bien. Mi cuerpo se tensó. William se estacionó en la entrada, y yo salí con paso firme, sin esperar a que abriera la puerta.
Al cruzar el umbral, ahí estaba él. Jugando con mi hijo. Sonriéndole a mi mujer.
—¿Qué haces aquí? ¿Quién te invitó? —mi voz fue un rugido contenido—. Baja a mi hijo ahora.
—¡Papi! No sabía que tenía un tío. Él es muy gracioso —respondió Erick, con su sonrisa inocente qu