La mañana había pasado entre papeles, correos, llamadas y una tensión constante en mi pecho. Trabajar junto a Ash no era sencillo. Su presencia era tan abrumadora como su perfume caro, y estar en la misma oficina me hacía olvidar que esto era trabajo. Que no era amor. Que era parte del trato.
—Necesito que vayas por estas copias al piso ocho. Ashley te dirá dónde —me dijo él sin levantar la mirada de la pantalla.
Tomé los documentos y asentí.
Al salir, la secretaria pelirroja me esperaba sentad