ASHTON GARDNER
La habitación estaba en penumbras.
El cielo apenas comenzaba a aclararse, proyectando una luz azul tenue a través de las cortinas.
Liss dormía sobre mi pecho.
Su respiración era calma. Su cuerpo, aún desnudo, tibio, perfecto, enredado con el mío.
Y yo… no quería moverme. Fue como esa noche en el bar, no quería dejarla, no quería alejarme de ella.
Quería quedarme así.
Enterrado en su olor.
Atado a su piel. Sintiendo que por una noche, todo lo roto se había pegado de nuevo.
Pero el