LISSANDRA
El silencio era distinto ahora.
Ya no era esa sombra espesa que se colaba por las rendijas del alma.
Ya no me aplastaba el pecho ni me arrastraba al abismo.
Ahora, el silencio era un suspiro.
Un descanso.
Un puente entre mi mundo roto… y su voz.
Ash.
Él hablaba bajito, con esa ternura que siempre me desarmó. Me sostenía la mano como si de eso dependiera el equilibrio del universo. Quizá sí. Porque yo también me sostenía de él, como quien se aferra a la orilla después de casi ahogarse.