La cicatriz.
ASHTON GARDNER
Las horas pasaban con una lentitud cruel.
El tiempo, ese enemigo invisible, parecía estirarse con malicia desde que Liss abrió los ojos.
No me he movido de su lado. No he comido, no he dormido, apenas he respirado.
Solo la miro.
La observo como si fuera la primera vez, como si con solo mirarla pudiera mantenerla aquí, conmigo.
Cada inhalación suya es una victoria.
Cada exhalación, una prueba de que sigue luchando.
Le acaricio la mano con la yema de los dedos, apenas rozándola, co