—Puede irse a casa, señorita Larusso. Su madre está en las mejores manos. Vaya a casa y descanse; la mantendremos informada de cada detalle. Recuerde mantener actualizado su número de teléfono, pues nos comunicaremos a diario para darle reportes de la situación de su madre.
Serena volvió a casa. El departamento parecía un lugar diferente ahora que su madre no estaba. Pensó en la ausencia de Alfred y se le erizó la piel al recordar cómo “la asociación” lo había mencionado. Algo le quedó claro: c