—Puede irse a casa, señorita Larusso. Su madre está en las mejores manos. Vaya a casa y descanse; la mantendremos informada de cada detalle. Recuerde mantener actualizado su número de teléfono, pues nos comunicaremos a diario para darle reportes de la situación de su madre.
Serena volvió a casa. El departamento parecía un lugar diferente ahora que su madre no estaba. Pensó en la ausencia de Alfred y se le erizó la piel al recordar cómo “la asociación” lo había mencionado. Algo le quedó claro: conocían cada aspecto de su vida. ¿Cómo lo supieron todo de la noche a la mañana? Se le encogió el estómago al pensar en el contrato. El aire se volvió difícil de respirar mientras recorría el departamento vacío. Su celular sonó; era un número desconocido. Contestó, atemorizada.
—Intente descansar, señorita Larusso. Mañana un auto irá por usted a las siete en punto de la mañana. Apreciamos mucho la puntualidad, así que no se atrase.
La llamada terminó antes de que Serena pudiese siquiera confirma