La noche pareció no terminar nunca. El hospital, con su luz blanca y persistente, había borrado cualquier noción del tiempo. Serena consiguió dormitar apenas unos minutos, un sueño liviano y fragmentado, como si su cuerpo se negara a entregarse del todo al descanso. Cuando abrió los ojos, la voz de Jared le llegó amortiguada, casi irreal, aunque él estaba ahí, demasiado cerca como para no tocarlo.
—Vine en cuanto me enteré.
Serena reaccionó sin pensarlo. Se incorporó de golpe y lo rodeó con los