La noche pareció no terminar nunca. El hospital, con su luz blanca y persistente, había borrado cualquier noción del tiempo. Serena consiguió dormitar apenas unos minutos, un sueño liviano y fragmentado, como si su cuerpo se negara a entregarse del todo al descanso. Cuando abrió los ojos, la voz de Jared le llegó amortiguada, casi irreal, aunque él estaba ahí, demasiado cerca como para no tocarlo.
—Vine en cuanto me enteré.
Serena reaccionó sin pensarlo. Se incorporó de golpe y lo rodeó con los brazos, aferrándose a él con una urgencia que la sorprendió incluso a ella. No buscaba respuestas ni soluciones, solo necesitaba sentir que no estaba sola, que había algo firme a lo que sostenerse en medio de ese derrumbe silencioso. Jared la abrazó de vuelta, torpe, sin entender del todo, pero presente.
—Familiares de la señora Victoria Larusso.
La voz quebró el momento como una cuchilla. Serena se separó de Jared con lentitud, como si el cuerpo se le hubiese vuelto más pesado de pronto. Había