Kaia
Nevan inició a guiar mi mano de arriba hacia abajo, lento, cuidadoso y sin dejar de mirarme. Yo estaba atenta a los movimientos para que me quedaran grabados.
Él empezó a temblar y jadear bajito, también pronunció algunas palabrotas que me sonrojaron.
Se sentía tan satisfactorio hacerlo disfrutar.
—Ya, solecito, o voy a correrme. —Detuvo los movimientos y me quitó las manos.
—¿Eso es malo? Tengo entendido que es porque quedas satisfecho —le pregunté, un poco confundida.
—No es malo, pero q