Kaia
Nevan miró hacia donde yo tenía los ojos clavados y se cubrió el pecho con los brazos instintivamente.
—No me había dado cuenta de que salí sin la camiseta. Es que suelo trabajar así, pero si te molesta, me cubro.
—¡No! —Me puse la mano en la boca cuando me percaté de que había subido la voz—. Es decir... te ves... bien... ¡No! Me refiero a que está bien, no me molesta...
Me mordí el labio inferior por la vergüenza.
Nevan se acercó a mí, haciendo que mi corazón se exaltara, y colocó su ma