Kaia
La brisa me levantó varias hebras del cabello, y podría jurar que escuché su silbido, pues de repente hubo un silencio cargado de tensión entre nosotros.
—Nos vemos en unas horas, solecito. —Se me acercó y mi corazón se empezó a agitar. Creí que me daría un beso o algo, pero solo me picó la nariz con toquecitos juguetones, se giró y se subió a la camioneta.
Ni siquiera se despidió de Brenda.
¡Qué descortés!
—¡Adiós, Nevan! —gritó ella mientras agitaba las manos y sonreía con demasiada amab