Zebela
Ella salió corriendo por un pasillo, lo que me dejó atónita y sin saber qué hacer. Bastian, en cambio, parecía bastante normal, como si estuviera acostumbrado a su comportamiento poco común.
—¡Qué rara es tu amiga! —se me escapó, pero él solo rio divertido al ver mi cara pasmada.
—¡Y eso que apenas la conoces! —volvió a reír—. Ha actuado un poco normal hoy para como es.
—Me agrada... —musité.
Fui guiada por Bastian por unos largos pasillos cubiertos de plantas regadizas en las paredes, m