Zebela
La brisa levantaba mi cabello y mi cuerpo se sacudía con los movimientos del caballo de Bastian. Él guiaba al animal mientras yo me abrazaba a su espalda. Por momentos, me entretenía con el paisaje, pero también disfrutaba de la firmeza de su cuerpo al recostar la cabeza sobre él.
Bastian se detuvo en el sembrío de tulipanes, y mis facciones se contorsionaron por la sorpresa.
—Creí que los habían destruido —dije, sin salir de mi asombro.
La fragancia fresca de las flores inundó mi olfato