Zebela
Mi cabeza daba vueltas y dolía como el demonio. Un mareo profundo me abrumaba, acompañado por las náuseas que me hacían devolver lo poco que me daban de comer.
Por más que intentaba mantener los ojos abiertos, me era casi imposible, pues el acónito en mi sangre me debilitaba, lo que impedía que usara mi habilidad como deseaba.
No obstante, estaba sorprendida. Pese a mi condición de envenenamiento, mis poderes funcionaban, ligeramente, pero lo hacían. Si tuviera más energía o fuerza, podr