Zebela
Todavía me parecía irreal lo que estaba sucediendo. Ojalá esta situación se tratara de una de las tantas pesadillas que me perseguían en la noche, mas no era así: todo lo que me estaba ocurriendo era real. Yo estaba siendo confundida con una bruja, y una gran cantidad de personas demandaban mi muerte a gran voz. Estaba atrapada, acorralada cual animalito asustado e indefenso.
—¡Por favor, no me hagan daño! —rogué con voz temblorosa—. No soy una bruja.
—Ah, ¿no? —se burló uno de los guer