Zebela
Abrí los ojos de golpe mientras sentía que me asfixiaba. Mi piel estaba húmeda por el sudor gélido que la cubría, mi corazón latía desbocado, y mi cuerpo vibraba con temblores involuntarios. Estaba tan asustada y exaltada que tuve que inhalar y exhalar profundamente para regular el ritmo de mi respiración.
—¡Qué sueño tan horrible! —exclamé en un impulso al darme cuenta de que lo que acababa de experimentar no era la realidad, sino una pesadilla. Mis ojos se llenaron de lágrimas al recor