Roan
Exhalé un largo suspiro después de haber tenido una noche tan relajante con Lidia, una de nuestras sirvientas. No sabía que, debajo de ese uniforme feo, se escondía un cuerpo tan sensual, pero lo que más me sorprendió fue lo fogosa que era esa chica. Quien la viera, con esa carita de “yo no fui”.
En los tres años que tenía trabajando para mí, nunca imaginé que ella me deseaba, en especial porque parecía que le agradaba Zebela. En fin, las mujeres eran un misterio difícil de entender.
Me l