Zebela
Las manos de Bastian empezaron a tocarme de manera posesiva y traviesa. Pronto, su dedo llegó a esa zona sensible que cosquilleaba ansiosa por su toque. Sus movimientos circulares me provocaron un placer que se expandió por toda mi piel, y no pude evitar mover las caderas.
Antes de que pudiera asimilar aquel deleite, Bastian dejó de estimularme, así que le arañé la espalda en venganza. ¿Por qué dejó de hacerlo justo cuando más lo necesitaba?
—Me dijiste que solo has tenido sexo una vez e