Zebela
Ver el rostro sensual y enrojecido de Bastian, contraído por el placer, mientras me miraba con esos ojos fieros y brillantes de excitación, era la experiencia erótica más intensa que había vivido en mi vida.
Sus gruñidos y gemidos erizaban mi piel y despertaban un deseo incontrolable de sentirlo dentro de mí.
Su mirada permanecía fija en cada uno de mis movimientos, como si observar cómo lo estimulaba fuera tan cautivador como las sensaciones que mi boca le provocaba.
—Mierda… —susurró é