Zebela
Bastian se levantó con rapidez, necesitado y sediento de la bebida alcoholizada que nos estaba ayudando a sobrellevar esta conversación incomoda, y buscó la botella de vino.
Buena idea, pensé.
Sin decir nada, bebí el contenido de mi copa de un solo trago y le extendí el vaso. Él lo llenó de nuevo, después de llenar el suyo.
Bebimos al mismo tiempo, sin romper el silencio. Luego suspiramos al unísono, como si nuestras emociones estuvieran perfectamente sincronizadas, reflejando en nuestro