Zebela
Con pasos sigilosos y una caja entre las manos, salí de la habitación. Un leve vértigo me sacudió cuando cerré la puerta detrás de mí, y sentí la necesidad urgente de regresar para lavarme las manos. Otra vez estaban húmedas de sudor.
Los latidos de mi corazón formaban una orquesta eufórica dentro de mi pecho, y de repente, la garganta se me secó.
Tuve ganas de salir corriendo.
—Guau... —La voz del alfa irrumpió en el aire y se robó toda mi atención, haciendo que los nervios me torturara